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Cómo elegir un consultor SEO

Escrito para quien está pidiendo dos o tres presupuestos y no tiene forma de saber cuál es bueno. Incluye los casos en los que te conviene una agencia y no yo.

Lo que estás comprando en realidad

No estás comprando posiciones. Estás comprando el criterio de alguien para decidir, con tu presupuesto y en tu sector, qué se toca primero y qué se deja para el trimestre siguiente. Dos consultores con las mismas herramientas pueden darte planes completamente distintos, y el que te sirve es el que ha entendido de dónde sale tu dinero.

Por eso las preguntas útiles casi nunca van sobre SEO. Van sobre cómo trabaja esa persona, qué pasa cuando algo no funciona y qué te queda si mañana os separáis.

Preguntas que valen la pena

Las respuestas importan menos por el contenido que por la forma. Quien no sabe explicarte su trabajo en un lenguaje que entiendes tampoco te sabrá explicar la factura.

¿Qué harías los tres primeros meses, y en qué orden? Una respuesta concreta empieza por mirar lo que ya tienes, no por proponerte un blog.
¿Quién va a hacer el trabajo? En una agencia, pregunta si quien tienes delante en la reunión es quien después toca tu web.
¿A qué cuentas necesitas acceso, y a nombre de quién quedan? Search Console, Analytics y la ficha de Google se crean con tu correo, no con el suyo. Suena a detalle menor y es lo que más disgustos da el día de la separación.
¿Qué herramientas usas y por qué esas? No hay una respuesta correcta. Hay una respuesta con motivos.
¿Cómo vas a medir que esto funciona, aparte de las posiciones? Clics e impresiones en Search Console, llamadas, formularios, presupuestos pedidos.
¿Qué necesitas de mí y cuánto tiempo me va a costar? Casi todo el SEO que fracasa, fracasa porque el cliente nunca aprueba los textos y el desarrollador nunca toca nada.
¿Qué pasa si quiero cancelar? Y si la respuesta es «hay permanencia de doce meses», pregunta por qué doce y no tres.

Respuestas que deberían preocuparte

La palabra «garantizado» aplicada a una posición. Nadie controla el algoritmo de Google, así que la promesa o es falsa o es imposible de verificar cuando se hace. En España, además, una afirmación así entra de lleno en el terreno de la publicidad engañosa.
«Tenemos contactos en Google» o «estamos en su programa de partners y eso ayuda a posicionar». Ese programa es de publicidad de pago y no influye en los resultados orgánicos.
Un precio cerrado antes de haber mirado tu web. Si no saben cuántas URLs tienes ni con qué está hecha, el número sale de una plantilla.
No querer contarte qué se va a hacer «porque es nuestro método». El método no es un secreto industrial: es lo único que estás comprando.
Enlaces incluidos en el paquete, con cantidad mensual. Comprarlos va contra las directrices de Google y el riesgo se queda en tu dominio, no en el de quien te los vendió.
Un informe mensual de posiciones como único entregable. Un PDF de rankings no es trabajo: es la foto del trabajo que alguien debería haber hecho.
Prisa. Descuentos que caducan el viernes, huecos en la agenda que se acaban. El SEO es lo menos urgente que vas a contratar este año.

Cómo leer una propuesta

Una propuesta útil se resume en una frase por apartado: qué se hace, cuándo, quién lo hace, qué cuesta y qué no entra. Si tienes que leerla dos veces para saber qué vas a recibir, el problema no eres tú.

Busca tres cosas. Entregables contables: «reescritura de 12 fichas de producto» se puede comprobar, «optimización on-page continua» no. Las exclusiones: si en ninguna parte dice qué queda fuera, todo quedará fuera el día que lo pidas. Y las horas o el alcance mensual, porque 400 € y 1.200 € al mes no compran el mismo número de días de trabajo, y ahí está toda la diferencia.

Luego mira la parte aburrida: forma de pago, aviso de cancelación y a nombre de quién quedan los textos y el código. Si no aparece, pídelo por escrito antes de firmar.

Una auditoría de verdad, y un PDF generado

Las dos cuestan dinero y solo una sirve. La generada se reconoce enseguida: ochenta páginas, un semáforo de colores, una puntuación sobre cien y una lista de «errores» ordenada por lo que detecta la herramienta, no por lo que te está costando ventas.

Una que vale lo que cuesta está priorizada: empieza por las tres o cuatro cosas que más te frenan y explica por qué ese orden. Menciona páginas tuyas por su URL. Separa lo que puede resolver tu desarrollador de lo que tienes que decidir tú. Dice cuánto trabajo es cada cosa, aunque sea en rangos. Y termina con un plan que podrías ejecutar sin volver a contratar a quien lo escribió, aunque acabes contratándole.

Un truco antes de pagarla: pide ver el índice o un ejemplo anonimizado. Quien ha escrito auditorías de verdad lo tiene a mano.

Freelance o agencia

Tengo un interés evidente en esta pregunta, así que voy a contestarla primero en mi contra.

Cuándo te conviene una agencia

Si necesitas SEO, campañas de pago, diseño y desarrollo coordinados a la vez, una agencia te ahorra hacer de director de orquesta. Si publicas volumen —decenas de artículos o fichas al mes— eso pide un equipo de redacción, no una persona. Si operas en varios países e idiomas, o tu web es tan grande que el trabajo técnico no se acaba nunca, una sola persona se queda corta. Y hay un riesgo que no puedo tapar: si me pongo enfermo, detrás no hay nadie; una agencia tiene sustituto. Si tu empresa además exige proveedores homologados, esa estructura existe por algo.

Cuándo te conviene una persona sola

Si tu web es de tamaño manejable y lo que necesitas es criterio, no producción en cadena. Si te importa hablar siempre con quien hace el trabajo, sin que el encargo pase por un comercial, un jefe de cuenta y un becario. Si tu presupuesto es de los que en una agencia te coloca en el escalón de abajo, con el perfil más junior, mientras que con un autónomo compra acceso directo a alguien que lleva tiempo en esto.

Una señal aburrida que vale más que todas

Que la persona te diga que no a algo: que esa tienda no va a funcionar con ese catálogo, que ese servicio no tiene búsquedas suficientes en tu provincia, o que lo primero que hace falta no es SEO sino arreglar la web. Quien te dice a todo que sí en la primera llamada te va a facturar ocho meses antes de que descubras el problema.

Si quieres ver cómo contesto yo a estas preguntas: en Cómo trabajo está la versión larga, paso a paso, y en Sobre mí está quién soy y desde dónde trabajo.